jueves, 26 de octubre de 2017

Ciento cincuenta y circo





 El otro día mi amiga Maria, que es irlandesa, inteligente y sensata me dijo que no entendía una bloody shit  de lo que estaba pasando en España, que a ver si se lo podía explicar. Le dije que no se preocupase, que a la mayor parte de los españoles les pasaba lo mismo, y lo que hacían era bajar al chino, comprar una bandera y colgarla en la ventana. Pero ella insistió.

         La verdad es que no hay mucho que explicar, le dije, porque lo que está teniendo lugar en España es una función circense y, como tal, lo que busca no es que la gente entienda, sino que la gente se apasione, vibre y se distraiga de sus miserias cotidianas: Para que la gente olvide que en Barcelona se alquilen plantas esteras de hospitales púbicos a empresas de sanidad privadas; para que los docentes catalanes cierren filas en torno a los dirigentes que han propiciado los mayores recortes en educación de la historia de Cataluña; para que no se entere nadie de que ya hemos desbancado a Gracia como país europeo con más déficit (a por ellos oé…), o para que pasen por alto que el partido del gobierno precisamente está en el gobierno gracias a un complejo sistema de financiación paralelo que nos ha costado cerca de 800 millones de euros.

         Había que distraer a la gente porque cada vez estaban mirando más y mejor donde no debían; se estaban  empezando a dar cuenta de que olía a pedo y ellos no habían sido. La Transición, otrora considerada modélica, empezaba a verse como un mal apaño que no hizo nada más que superponer al intacto aparato franquista el sistema de partidos; mientras que la sacrosanta Constitución empezó a verse no como la voluntad del pueblo soberano sino como una carta otorgada por la oligarquía que se había blindado bajo el nuevo sistema. En las plazas, en lugar de ese sucedáneo, se pedía democracia real.

         En Madrid la gente se echó a la calle sin que la pastoreasen los partidos, cosa que no sucedía desde antes de la muerte de Franco, y ocupó la Puerta del Sol. En Barcelona pasó lo mismo, y los mossos amorosos desmontaron a ostias el campamento de Plaza Cataluña. Días más tarde, a las puertas del Parlament se coreaba ningú, ningú, ningú ens representa, mientras Artur Mas tenía que entrar en helicóptero. La cosa estaba quedando, en todas partes, bastante clarita.

         La crisis y los recortes no hicieron sino incrementar la distancia entre gobernantes y gobernados, que cada vez veían con más recelos las artimañas políticas para hacer recaer sobre la ciudadanía todo el peso de su mala gestión, y aquí es donde entra en escena el oportunismo y la astucia de Artur Mas, el anterior presidente de la Generalitat.

         Artur Mas fue a Madrid un 20 de septiembre de 2012 a reunirse con Rajoy para pedirle un nuevo pacto fiscal, semejante al que disfruta el País Vasco. Sabía que pasase lo que pasase él ganaba: Si le concedían el pacto dispondría de más dinero y podría aflojar la soga del cuello de los catalanes, congraciándose de nuevo con ellos. Si no, podría reunirlos en torno suyo contra la terca y tacaña España, como ya había hecho el 20 de julio de 2010 al grito de Som una nació. Nosaltres decidim.

         Como era de esperar Rajoy dijo que nientey arguyó, con la estolidez de un funcionario mediocre, que no era constitucional. A lo que Mas repuso con la convocatoria de un referéndum para el 25 de septiembre, con la intención de ver si los catalanes querían seguir siendo españoles o si, como no les daban lo suyo, decidían largarse con viento fresco. Rajoy volvió a tirar de su muletilla favorita, como el poquito de porfavor del conserje de Aquí no hay quien viva:  Eso es contrario a la Constitución.

         Entonces Mas lanzó un órdago y convocó lo que él llamó unas elecciones plebiscitarias: Los partidos favorables a una independencia irían en coalición y si obtenían la mayoría de los votos significaría que la gente apoyaba el sí a la  independencia. Pero la coalición Junts pel Sí solo consiguió el 39,59% de los votos.  Ese aparente fracaso no les disuadió, e hicieron todo lo posible para sumar a sus diputados los de las CUP (incluido cambiar a su candidato, Artur Mas, por Puigdemont) y valerse así de esta artimaña aritmética para seguir adelante con el proces. A todo esto al gobierno del PP en  Madrid se le rilaban las piernas de gusto al ver cómo, gracias al tinglado catalán, la gente estaba empezando a olvidarse de la financiación ilegal de su partido que, aunque nadie pareciese reparar en ello, suponía una voladura descontrolada de las reglas del juego democrático y hacía añicos la legitimidad del gobierno (Que más dá, si yo soy español, español, español…)

         El siguiente paso fue la aprobación de unas leyes de desconexión y de un referéndum a ver si al final desconectaban o no (otro referéndum Maria, sí, otro referendum). ¿Para qué? Pues supongo que para tener al personal entretenido y para ver si esta vez ganaban. Y ganaron. Vaya si ganaron. Ganaron lo más importante: a muchos de los que estuvieron en frente en  Plaza Cataluña, que ahora estaban jugando al trile con las urnas, tratando de despistar al gobierno español, que andaba empeñado en que votar era inconstitucional y llenando barcos de policía y guardias civiles. ¿No hubiese bastado con detener a Puigdemont y su gobierno al día siguiente por prevaricación? Seguro. Pero entonces adiós al circo.

         Y sí, ya sé que lo dijo un juez, pero los jueces dicen muchas cosas y el gobierno las entiende como mejor le cuadra. De hecho se incumplen sistemáticamente los artículos 27, 35, 41, 43, 49 y 50 de la Constitución y no veo yo barcos llenos de profesores o médicos para evitarlo.

         El caso es que supuestamente no iba a haber votaciones porque los mossos lo iban a impedir, pero como las proclamas en post de la paz universal y el amor cósmico de los mossos d'esquadra no disuadían a le gente de votar, la policía empezó a desalojar al personal a ostias, para ver si con eso a los mossos se les refrescaba la memoria de cómo se desaloja a la gente. Pero ni por esas. Se habían convertido en los Justin Bieber de aquel concierto adolescente del 1 de octubre.

         España volvió a ser portada de la prensa internacional y no por lo que su gobierno se quedaba sino por lo que repartía.  Las cargas policiales mostraron al mundo lo que aquí se sabía ya desde al menos el 15 de mayo de 2011: Que no nos representan; que sus intereses no son los nuestros y que solo por la fuerza acaban imponiéndonoslos.

         En su huida hacia adelante, el govern se apresuró a decir que los resultados de la consulta les eran favorables (y tanto, los porrazos se los habían llevado otros), que la voluntad del pueblo catalán era abrumadoramente clara y se propusieron proclamar la independencia, pero lo hicieron a lo gallego, en plan hoy somos más independientes que ayer pero menos que mañana. Y la ambigüedad  se les fue las manos. Tanto que hasta Rajoy, que es gallego, pidió que se lo aclarasen. Y ni por esas.

         Así que el gobierno y su cuadrilla de turiferarios (la llamada oposición sensata), van a aplicar el artículo 155 de la Constitución porque nadie les ha dicho que no se haya proclamado la independencia (tiene cojones), pero lo van a hacer a su manera, rememorando el saco de Roma por Carlos I y sus lansquenetes. Nada de cómo dice la Constitución obligar a la comunidad autónoma al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones…nada. A tomar por culo la autonomía entera, con delegados gubernamentales en las consejerías, dirigiendo a  los mossos, en TV3…A lo loco. A sangre y fuego. Y a todo esto con Puigdemont diciendo pues no sé si la había declarado o no,  pero ahora la voy a declarar, ale, para que os chinchéis.

         Así que ya ves Maria, un gobierno que no es respaldado ni por la mitad de la gente se apresta a declarar la independencia en nombre del pueblo entero, y otro que se hace pis en la Constitución día sí y día también se prepara para impedirlo en nombre de ésta. No me digas que esto no te recuerda a los hermanos Marx en Una tarde en el circo. En fin, no sé si habré conseguido que  por fin entiendas algo de lo que pasa en España, pero supongo que ahora ya sabes por qué tenemos leones en la puerta del Congreso.












4 comentarios:

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    1. Muchas gracias. Te estas convirtiendo en uno de mis comentaristas más escuetos y fieles ;-). Un cordial saludo y espero seguir viendo tus comentarios

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  2. Suscribo lo que dices, aunque quisiera matizar una cosa, bastante menor a mi juicio pero que está adoptando un gran peso en el relato: el uso de la violencia policial en el referendum del 1-O. Quizás sea porque vivo en Euskadi, y porque en mi época adolescente el enfrentamiento con la ertzaintza era muy cotidiano (aunque yo no participaba convivía casi sin quererlo) las imágenes que se vieron aquel día no me conmovieron; sirva esto para enmarcar mi opinión, por si hay réplica "ad hominem".
    Lo que allí sucedió, a la vista de las imágenes y crónicas, fueron desalojos de personas que obstruían la confiscación de las urnas. Se empleó la fuerza para contrarrestar la resistencia, que fue ejercida con mayor o menor proporción dependiendo del agente de turno, lo cual no es de extrañar considerando el factor humano. Nada no visto con anterioridad (Murcia, PAH, 15M, carnavales de Cadiz, Euskadi ya ni te cuento...).
    En última instancia, las intervenciones policiales cesaron sobre la hora de comer y no hubo inconveniente en votar.
    Por lo tanto, no se reprimió ir a votar sino la resistencia a la confiscación de urnas y cierre de colegios. Supongo que a mucha gente esto no le parece relevante, pero a mí, que no me gusta el trazo gordo e interesado, me parecía interesante subrayarlo.

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    1. Hola Unknown.

      No te falta razón. En cierto modo podría decirse que la población independentista catalana hizo las veces de escudo humano para proteger las urnas puestas por sus dirigentes y, como suele pasar, fue la que se llevó los palos.

      Palos que, por otro lado, más que por lo intensivo (que como dices estuvo dentro de la tónica general, siempre tirando a alta), destacaron por lo extensivo y, sobre todo, por lo absurdo del empeño. Como señalaron algunos policías, practicamente tocaban a dos agentes por colegio. Es decir, si era necesario un desalojo, los policías se las iban a ver moradas e iban a tener que tirar de porra a base de bien. Que fue lo que pasó.

      A mi modo de ver, como tu dices, la policía estuvo en su línea, lo sangrante es la actitud del gobierno español, que andaba empeñado en frenar una votación (inconstitucional, sí) llenando barcos de policía y guardias civiles, mientras que se incumplen sistemáticamente los artículos 27, 35, 41, 43, 49 y 50 de la Constitución sin que se llenen barcos de profesores o médicos para evitarlo.

      Eso otorga fuerza a mi argumento de que el gobierno emplea el recurso a la ley y a las fuerzas de orden público como le conviene, en este caso para hacer propaganda política (haciéndose los duros contra los independentistas para deleite de sus hooligans) y montando circo mediático de tres pares de cojones para tener entretenido al personal mientras nos cuelan el CETA por la gatera.

      Así mientras la gente defiende pequeñas repúblicas imposibles, ni se entera de los términos de un tratado que pone a los trabajadores, los derechos de los consumidores y la protección del medio ambiente a los pies de las grandes empresas.

      Un cordial saludo. Gracias de nuevo por tu acertada precisión.

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