viernes, 23 de noviembre de 2012

Edward Bernays y la mano invisible que mueve los mercados





«Gran parte de la oposición a un sistema de libertad al amparo de reglas universales proviene de la incapacidad para concebir una coordinación efectiva de las actividades humanas sin una organización premeditada por un ente rector. Uno de los logros de la teoría económica ha sido explicar cómo el mercado es capaz  de aglutinar semejante ajuste recíproco de actividades »
Frederich A. Hayek[1]




EL CAOS 
DE LA OFERTA Y LA DEMANDA
Hay una cosa que siempre ha mantenido ocupadas a las mentes más preclaras de todos los tiempos: cómo conseguir que se pongan de acuerdo quienes poseen algo con quienes lo quieren o lo necesitan.  De conseguirlo mediante el recurso a la amenaza, la intriga o la violencia se ha venido encargando, desde Maquiavelo a nuestros días, la política. Conseguirlo mediante el intercambio, más o menos exento de dolo, ha venido siendo tarea de la economía. Precisamente esta tarea esencial,   la necesidad de construir modelos en los que el intercambio sea beneficioso para todos y haga del recurso a la violencia algo innecesario o marginal, se ha convertido en la parte más controvertida de la economía; en la que ha suscitado los debates más enconados y donde los economistas se han estrujado más los sesos, además de agarrarse del cuello.

Un modelo que está gozando de gran repercusión mediática en nuestros días es el liberalismo austriaco, una revisión del liberalismo económico que sostiene que la mejor manera de organizar la economía es dejar que las cosas fluyan libremente, pues por sí solas irán convergiendo hacia un orden espontaneo. Para éstos el intercambio de bienes y servicios es como el sexo: lo mejor es dejar solos a los agentes implicados sin cortapisas ni restricciones, que ya ellos se las irán apañando para llegar a un resultado satisfactorio. Sin embargo otros, como Edward Bernys, consideran que poner de acuerdo a la oferta y a la demanda no es algo que se pueda dejar al capricho o al albur, pues el actual sistema de producción «solo es rentable si se puede mantener su ritmo; es decir, si se pueden vender sus productos en una cuantía fija o creciente». Así, mientras durante el siglo pasado, «la demanda creaba la oferta, hoy en día la oferta debe esforzarse por crear su propia demanda». ¿Cómo? Mediante el uso de lo que él denominó propaganda

UN INVENTO DE TIEMPOS DE GUERRA IMPRESCINDIBLE EN TIEMPOS DE PAZ

La propaganda, que el propio Bernays definió como «el mecanismo mediante el cual las ideas se propagan a gran escala o, en términos generales, un esfuerzo organizado por difundir una creencia o doctrina concreta», fue uno de tantos inventos nacidos al calor de la guerra, como las latas de conserva o el radar,  que luego demuestran su utilidad en tiempos de paz. Como él mismo relata:
Fue, por supuesto, el éxito sin precedentes de la propaganda durante la guerra lo que les abrió los ojos  a los más perspicaces en los diferentes campos a cerca de las posibilidades de disciplinar a la opinión pública.
Edward Bernays inició su carrera como asesor de comunicación para empresas de espectáculos, pero en 1917 entró a trabajar para el gobierno del presidente Wilson dentro del Comité de Información Pública. Este organismo buscaba conseguir la aquiescencia de la opinión pública norteamericana para que Estados Unidos entrase en la I Guerra Mundial,  so pretexto de llevar la democracia a toda Europa. Quizá convenga recordar, por lo que más adelante explicaré,  que la entrada de Estados Unidos al lado de los aliados estuvo motivada por el hundimiento buque británico Lusitania[2]  (en el que se encontraban 128 estadounidenses entre los cerca de 1200 fallecidos) y el subsiguiente clamor popular que se fue generando para que semejante crimen no quedara impune[3].
Acabada la guerra la propaganda se mostró un elemento necesario también para dirigir la opinión pública tiempos de paz. Como afirma Bernays:
Dentro de la actual organización social es indispensable la aprobación del público para acometer cualquier proyecto de gran envergadura. De ahí que cualquier movimiento loable puede irse al traste a no ser que consiga causar una buena impresión en la opinión pública.
La misión de la propaganda es precisamente esa, «llevar a cabo un esfuerzo constante y duradero que cree o manipule las circunstancias para influir en la impresión que el público tiene con una empresa, idea o grupo.» Porque esta huella, la imagen que queda impresa en la delgada película del imaginario colectivo, es capital para que la población acepte o rechacen lo que se le ofrece, sea esto un producto, una idea o un gobierno. Como señala Bernays:
Los gobiernos, sean monárquicos, constitucionales, democráticos o comunistas, dependen de la aquiescencia de la opinión pública para llevar a buen puerto sus esfuerzos y, de hecho, el gobierno solo es gobierno en virtud de esa aquiescencia pública.

EL PAPEL DE LA PROPAGANDA EN NUESTRA SOCIEDAD
     
En 1928 Bernays recogió sus experiencias en un libro titulado Propaganda[4], donde pone de manifiesto el papel que la propaganda desempeña en las actuales sociedades democráticas,  desvelando algunas claves capitales para entender mejor el funcionamiento tanto de una como de la otra.  Ambas  cosas quedan claras ya en el primer párrafo:
La manipulación deliberada e inteligente de los hábitos estructurados y de las opiniones  de las masas es un elemento importantes en las sociedades democráticas. Aquellos que manipulan este oculto mecanismo de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder dirigente de nuestro país. Somos gobernados, nuestras mentes están amoldadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas, en gran medida por hombres de los que nunca hemos oído hablar.
Bernays concibe la propaganda como «una consecuencia lógica del modo en que nuestra sociedad democrática está organizada», como la única manera de conseguir que «una ingente cantidad de seres humanos colaboren […] y convivan dentro de una sociedad que funcione sin sobresaltos.» La propaganda es, por tanto,  una manera de organizar el caos, un tamiz que va filtrando las diferentes opciones para facilitar la elección del ciudadano. Así lo explica nuestro autor:
En teoría, cada ciudadano dilucida sobre los asuntos públicos y las cuestiones de índole privada. En la práctica, si todos los hombres tuvieran que estudiar por sí mismos los abstrusos datos económicos, políticos y éticos que cada cuestión implica, les resultaría imposible llegar cualquier conclusión sobre algo. Hemos consentido dejar que un gobierno invisible filtre los datos y destaque los asuntos más relevantes, de modo que nuestro ámbito de decisión se reduzca unas a proporciones  más realistas.
Lo mismo ocurre en el ámbito económico:
En teoría, cada individuo compra los artículos mejores y más baratos que el mercado le ofrece. En la práctica, si cada uno fuese por ahí comparando precios y haciendo pruebas de laboratorio antes de comprar las docenas de jabones, tejidos o marcas de pan que están en venta, la vida económica resultaría un auténtico fregado.
Lo ideal, explica Bernays no sin cierta ironía, hubiese sido que un grupo selecto de hombres sabios eligiese nuestras normas, dictase nuestra conducta y escogiese lo mejor para cada uno de nosotros, pero hemos elegido justo lo contrario, competir abiertamente. Por tanto «debemos encontrar el modo de hacer que esa libre competencia funcione, dentro de lo razonable, sin fricciones. Para conseguir esto la sociedad ha permitido que la libre competencia se organice mediante el liderazgo y la propaganda.»

LOS FUNDAMENTOS DE LA PROPAGANDA

La  propaganda hunde sus raíces en el estudio sistemático de la psicología de masas, que a pesar de estar todavía en pañales en aquellos años, había revelado a sus estudiosos, en palabras de Bernays,  «las posibilidades de desarrollar un gobierno en la sombra de la sociedad mediante la manipulación de los impulsos que mueven al hombre dentro de un grupo.»
 
Ese estudio sistemático de la psicología social del que Bernays habla se basaba, fundamentalmente, en las ideas de Graham Wallas, que había trabajado con él en el Comité de Información Pública; en los incipientes estudios sobre la psicología de masas llevados a cabo por el francés Gustave Le Bon; en los estudios del médico inglés Wilfred Trotter[5], autor del libro Los instintos gregarios en la guerra y en la paz, publicado en 1916; y, sobre todo, en las teorías las psicoanalíticas de su tío, Sigmund Freud.
Quizá semejante acerbo científico pueda parecerle al lector actual un tanto rudimentario, pero Bernays era más optimista y lo consideraba suficiente para sus fines:
La psicología de masas está lejos todavía de ser una ciencia exacta, y de ningún modo están ya revelados todos los misterios de la motivación humana. Pero, por lo menos, teoría y práctica se han combinado ya con suficiente éxito como para permitirnos saber que en ciertos casos podemos obrar algunos cambios en la opinión pública con bastante grado de precisión poniendo en marcha determinados mecanismos, del mismo modo que un conductor ajusta la velocidad del coche regulando el flujo de gasolina.
Bernays incide en la necesidad de tener en cuenta que los mecanismos que rigen la mentalidad colectiva son distintos de los que rigen en la mentalidad individual:
La mente del grupo no piensa, en el sentido estricto de la palabra. En lugar de pensamientos tiene impulsos, hábitos y emociones. A la hora de decidir su primer impulso es normalmente seguir el ejemplo de un líder en quien confía. Este es uno de los principios más firmemente establecidos por la psicología de masas. Funciona determinando el incremento o la pérdida del prestigio de un complejo turístico, causando la retirada de fondos de un banco, o el pánico en la bolsa, creando un superventas o un éxito de taquilla.
Por tanto, no es al individuo aislado a quien va dirigida la propaganda, sino al grupo que estampa su impronta sobre éste y en el que diluye su personalidad para nutrirse de todo el bagaje de tópicos, ideas preconcebidas, prejuicios, expectativas compartidas y anhelos comunes que lo conforman. Bernays lo explica así en Cristalizando la opinión pública, otro de sus libros:
Si examinamos  el utillaje mental de el ciudadano medio”, nos dice William Trotter, el autor de un exhaustivo estudio de la psicología social del individuo, “lo encontraremos formado a partir de un enorme cantidad de juicios de perfiles muy definidos sobre los asuntos más variados, complejos y difíciles. Tendrá puntos de vista sólidamente asentados sobre el origen y la naturaleza del universo, y sobre lo que probablemente llamará su significado; tendrá sus propias conclusiones sobre lo que le pasara cuando muera y después de morir, así como sobre cuales son o deberían ser los fundamentos de la conducta. Sabrá cómo debe ser gobernado el país y porqué se está yendo a hacer puñetas, por qué esa ley es buena y la otra mala. Tendrá una visión firme sobre estrategia naval y militar, sobre los rudimentos del sistema tributario, el uso del alcohol y las vacunas, la cura de la gripe, la prevención de la hidrofobia, las contratas municipales, la enseñanza del griego, sobre lo que es tolerable en el arte, satisfactorio en la literatura y esperanzador en la ciencia.” [p. 64]

El propagandista deberá, por tanto, bucear en el subconsciente colectivo en busca de esos resortes, para poder incidir directamente sobre ellos o para crear, previamente, las circunstancias propicias que le permitan hacerlo. De esto nos ocuparemos a continuación.
   
LA PRÁCTICA DE LA PROPAGANDA

El radio de acción de la propaganda es muy amplio, y va desde el comercio a las artes pasando por la educación y la política pues, como hace notar nuestro autor, «el buen gobierno puede vendérsele a una comunidad como cualquier otro artículo». Ahora bien, independientemente de a quién vaya dirigida, cualquier campaña propagandística entraña dos ingredientes esenciales, como son para Bernays la  interpretación constante y sensibilización a través de la intensificación dramática de los acontecimientos.
La interpretación es vital, pues Bernays nos dice que «el público tiene sus propios criterios, demandas y hábitos. Puedes modificarlos, pero no se te ocurra ir en su contra». Así mismo, como dijimos, el propagandista debe conocer cuáles son los impulsos, hábitos y emociones sobre los que descansa la mentalidad del grupo en el que desea intervenir, de modo que «debe tener constantemente su dedo en el pulso del público. Debe entender los cambios en la opinión pública y estar preparado para amoldarse de forma certera y fluida a esa opinión cambiante» Y, por supuesto, conocer cuáles son sus deseos pues, como explica Bernays:
Los deseos humanos son la fuerza que hace funcionar la maquinaria social. Solo entendiéndolos pueden los propagandistas controlar ese enorme mecanismo con las bisagras flojas que es la sociedad actual
Una vez que se conocen bien las características del grupo sobre el que se quiere incidir, llega el momento de la intervención, de disponer las circunstancias de tal manera que se opere el cambio de mentalidad o se suscite el deseo. Así, «aprovechando un viejo tópico, o incidiendo sobre uno nuevo, el propagandista puede influir de forma masiva en las emociones del grupo». Eso fue precisamente lo que hizo el propio Bernays en su campaña para la Compañía Americana de Tabaco de 1929, en la que a través del revuelo desatado por un grupo de muchachas fumando en público durante un multitudinario desfile, consiguió asociar el hecho de que las mujeres fumaran en público con la causa de la liberación de la mujer, de modo que un pitillo en manos de una mujer ya no sería un pitillo, sino un signo de rebeldía, una antorcha de la libertad. [6]

Otro elemento indispensable a la hora de poner en marcha la escenografía que permita manipular los tópicos y hábitos de la opinión pública es la búsqueda de un «denominador común de intereses entre el objeto que se vende y el bien común».  Es decir, hay que hacer coincidir las bondades del producto ofrecido y la idea general que la sociedad posee sobre lo que es bueno. Teniendo en cuenta que la mayor parte del acervo popular está sustentado de manera sustancial por los prejuicios, símbolos y opiniones difundidas por los líderes (bien sean estos sociales, religiosos, científicos o culturales), el propagandista tendrá que influir sobre esas personas influyentes, conseguir su respaldo. Como deja claro Bernays: «Si puedes ejercer influencia sobre los líderes, cooperen estos de manera consciente o inconsciente, automáticamente influyes sobre el grupo que ellos controlan». La campaña que llevó a cabo para la Beechnut Packing Company puede servirnos de ejemplo.

La Beechnut era una compañía que se dedicaba a la distribución de productos cárnicos empaquetados, siendo el beicon su producto estrella. Encargaron a Bernays la promoción de sus productos y este se las ingenió para distribuir una encuesta entre más de 5000 médicos en la que les preguntaba si era mejor un desayuno ligero u otro contundente. Una abrumadora mayoría se decantó por el segundo y Bernays distribuyó los resultados de su estudio entre las agencias de prensa enfatizando, además, en el hecho de que algunos de estos médicos habían sugerido la posibilidad de incorporar huevos con beicon al zumo, el café y las tostadas que, según las averiguaciones previas que había hecho en un primer momento de interpretación, eran la base del desayuno americano. Así cientos de periódicos publicaron el estudio, así como la sugerencia de incorporar el beicon al desayuno. El asunto se convirtió en tema de conversación y en objeto de charlas y conferencias, de modo que al final acabó calando en la opinión pública. Bernays consiguió modificar los hábitos alimenticios de toda una nación e incrementar las ganancias de quien le había contratado[7]

Como acabamos de ver, Bernays contó con la colaboración espontánea y desinteresada de médicos, agencias de prensa, periódicos, comités ciudadanos de salud pública, etc. Todos estos conformaron una nube que incesantemente arrojaba sus gotas sobre la opinión pública desde innumerables puntos, envolviéndola y empapándola con esas ideas. Porque una de las claves de la propaganda es precisamente esa: Para que sea efectiva todas las acciones deben estar enlazadas, coordinadas de manera que alcancen a la opinión pública a través del mayor número posible de vías, para que se corroboren unas a otras pues, como pone de relieve Bernays: «Ciertos estímulos repetidos con frecuencia pueden crear un hábito o la mera reiteración de una idea puede crear una convicción».


NO SOLO DE PAN VIVE EL HOMBRE...TAMBIEN HACEN FALTA BANANAS 

Hemos visto hasta ahora cómo Bernays articulaba sus campañas propagandísticas con fines comerciales. Pero no solo del beicon vive un propagandista. Bernays también puso en marcha su poderosa propaganda con fines políticos. Uno de sus encargos más lucrativos (se embolsó unos 100.000 $ al año) consistió convencer a la población americana de la necesidad de que EE.UU interviniera en Guatemala, convirtiéndola por arte de la propaganda en una terrible amenaza comunista, una cabeza de playa de la URSS; inaugurando así el patrón que habría de repetirse en Cuba y, más tarde en Vietnam[8].

¿Les suena lo de república bananera? Como nos cuenta el estupendo documental de la BBC The Century of the Self[9], la expresión se acuñó para designar a las  repúblicas centroamericanas donde la United Fruit Cómpany ponía y quitaba gobernantes según conviniese a sus intereses.  En Guatemala, donde controlaba el 70% del territorio cultivable y disponía de la mano de obra campesina a su antojo, así había venido siendo, hasta que en 1951 Jacobo Arbenz ganó las elecciones democráticas y emprendió un programa de reformas que incluía una reforma agraria. Esto perjudicaba los intereses de la multinacional norteamericana, pero utilizar las tropas de los Estados Unidos para defender los intereses particulares de un grupo de empresarios no era algo que la sociedad norteamericana estuviese dispuesta a tolerar así como así; de modo que contrataron a Bernays para que se encargase del asunto.

Bernays procedió de la manera habitual. Primero se sumergió en el inconsciente colectivo en busca de los resortes que podía manipular, encontrando una extendidísima aversión por el comunismo nacida al calor de la guerra fría que se incrementó exponencialmente  al estallar la guerra de Corea; También podía serle útil el miedo atávico e irracional a una posible conspiración comunista que el macartismo había sembrado por todo el país. El objetivo era, pues, presentar a Arbenz como un peligroso comunista que amenazaba a Estados Unidos justo a la vuelta de la esquina.

Para ellos fundó su propia agencia de noticias que constantemente suministraba teletipos a los medios de comunicación, de suerte que un país que apenas si un puñado de americanos sabría situar en el mapa abría todos los días los noticiarios y acaparaba los titulares. La reforma agraria dejó suficientes descontentos entre algunos guatemaltecos como para ofrecer testimonios gráficos con los que salpimentar sus crónicas, así como algún que otro incidente con el que pudo poner de manifiesto el caos y la agitación social en que se hallaba sumido el país con la irrupción del comunismo[10].
Bernays consiguió convencer a la opinión pública norteamericana de que lo que estaba en juego no era las propiedades privadas de unos particulares en un país extranjero, sino la supervivencia del modo de vida norteamericano. Así, el New York Times afirmaba en su edición del 11 de julio de 1954, apenas dos semanas después del producirse el golpe de estado, que «el derrocamiento solo soluciona parte del problema del comunismo. Debemos convencer a los latinoamericanos que nuestro modo de vida es superior al del comunismo»[11]. Por su parte la revista Newsweek del 26 de julio afirmaba, a propósito de una posible implicación de los Estados Unidos en el golpe de estado, lo siguiente: «Los Estados Unidos, aparte del trabajo de sabuesos del que la CIA se haya podido o no encargar, se ha mantenido rigurosamente al margen. Los Estados Unidos podrían haber acabado de un plumazo con la situación, de la noche a la mañana si hubiese hecho falta: cesando las importaciones de café, cerrando el grifo del petróleo y la gasolina a Guatemala o, como último recurso, provocando un incidente en la frontera y enviando a los marines a ayudar a Honduras. Sin embargo, han cumplido la ley al pie de la letra. Ahora [el comunismo] ha sido eliminado y de la mejor manera posible: por los guatemaltecos»[12]

¿ES POSIBLE SUSTRAERSE A LA PROPAGANDA?

Hemos visto en este artículo cómo la mano de Bernays era capaz de mover suavemente a la opinión pública hacía el lugar adonde a sus clientes les resultase más conveniente ya desde finales de los años 20. Obviamente, los avances dentro de la psicología, la psiquiatría y la neurociencia, así como el desarrollo tecnológico en las comunicaciones, han dotado de herramientas cada vez más potentes a la propaganda para llevar a cabo sus diagnósticos y sus intervenciones, de modo que no es baladí preguntarse si realmente puede uno sustraerse a su influjo.
Para responder a esta pregunta, hemos de tener en cuenta que los métodos que hemos visto para crear un hábito o una convicción mediante la manipulación propagandística de la realidad se basan esencialmente en los tópicos, prejuicios, deseos y opiniones que hunden sus raíces en el imaginario colectivo y que afectan al individuo en la medida que participa de esa amalgama de ideas preconcebidas y deseos heredados. El mismo Bernay afirma, refiriéndose a las campañas electorales: 
Se entiende que los métodos de la propaganda solo pueden ser efectivos con los votantes que toman sus decisiones de acuerdo con los prejuicios y deseos del grupo al que pertenecen.
De este modo, solo en la medida que seamos capaces de mantener un pensamiento autónomo y crítico con cuantas ideas nos vengan dadas; en la medida en que nos esforcemos por comprobar constantemente la validez de las ideas heredadas de nuestros padres, maestros o líderes de opinión; en la medida que busquemos el origen y las fuentes de nuestras más asentadas convicciones, seremos capaces de preservar nuestra independencia y nuestra libertad. La cuestión es si estamos dispuestos a salirnos de las cómodas sendas transitadas; a prescindir del sosiego que otorga sentir el suave rumor del pensamiento de los demás acompasado con el nuestro; o a admitir sin menoscabo que aunque podamos hablar de casi todo, prácticamente no tenemos ni puñetera idea de casi nada. Aurelio Arteta, autor del fabuloso libro Tantos tontos tópicos lo describe así:
Para que nadie se llame a engaño, conviene advertir cuanto antes que el precio pagado por quien pretenda desbaratar esos prejuicios es enorme. Zarandear los agarraderos más recurridos de las gentes, ponernos delante el espejo en que ver reflejadas su pereza o su tontería..., resulta tarea muy arriesgada. Emprenderla le va a costar al osado la acusación de pedantería, elitismo y vanidad desmesurada. Su destino más probable, el ostracismo social.[13]
Y Edward Bernays, el inventor de la auténtica mano invisible que mece los mercados, lo condensó así en Cristalizando la opinión pública:
El ciudadano medio es el censor más eficiente. Su propia mente es la mayor barrera entre él y los hechos. Sus propios “compartimentos a prueba de lógica”, su propio absolutismo, son los obstáculos que le impiden ver a través de la experiencia y el pensamiento en lugar de mediante las reacciones del grupo.” [p. 122]
         Por tanto, cuando oigáis hablar de órdenes espontáneos, manos invisibles y demás tópicos al uso, estad alerta, pues las únicas manos invisibles históricamente documentadas son la de Edward Bernays y la de Diego Armando Maradona.







[1] http://www.econlib.org/library/Essays/LtrLbrty/bryTSO1.html
[2] http://www.archaeology.org/0901/trenches/lusitania.html
[3] http://lemonlimemoon.blogspot.com.es/2009/06/lusitania-gives-up-secrets.html
[4] Los números de página de las citas están tomadas de la edición de Orace Liveright, publicada en Nueva York en 1928
[5] http://www.historiadelamedicina.org/trotter.html
[6] http://losupeencuantotevi.blogspot.com.es/2010/09/antorchas-de-la-libertad.html
[7] http://www.npr.org/templates/story/story.php?storyId=4612464
[8] http://www.prwatch.org/prwissues/1999Q2/bernays.html
[9]http://web.archive.org/web/20110514032526/http://www.bbc.co.uk/bbcfour/documentaries/features/century_of_the_self.shtml
[10] http://www.youtube.com/watch?v=_0e1qvc3e1Q&feature=related
[11] http://select.nytimes.com/gst/abstract.html?res=F60711FF395E107B93C3A8178CD85F408585F9
[12]http://books.google.es/books?id=mS7ZVKa6i3AC&pg=PA369&lpg=PA369&dq=The+Price+of+Prestige%22+Newsweek,+1954&source=bl&ots=8aP73UJRJ6&sig=HYIcwvaGfLvDLINLcertG47oolg&hl=en&sa=X&ei=XrmuUMS3Foa4hAf1o4DYBA&ved=0CC0Q6AEwAQ#v=onepage&q=The%20Price%20of%20Prestige%22%20Newsweek%2C%201954&f=false
[13] http://www.fronterad.com/?q=node/2665

13 comentarios:

  1. Buenas noches,

    Estupendo trabajo de documentación realizado en torno a la figura de Edward Berneys. El artículo plantea o abre algunas cuestiones de profundo calado. Enfrentados a ese tremendo coste de conseguir la información para elegir un producto o votar un representante preferimos fiarnos de los filtros, tamices, y resto de artilugios que facilitan y al mismo tiempo distorsionan la elección ¿como actuar? Dices que sustrayéndonos de la información de masas, buceando en las fuentes primigenias de las ideas. Es una salida, cada vez será más importante y sin embargo no soluciona el problema ¿como decidir? ¿como decidir en una sociedad de masas? ¿como decidir en una sociedad de masas en la que la opinión pública puede ser manipulada tal y como nos muestra Berneys?

    El consumo, la elección de un producto, es una cuestión puramente individual. En realidad posiblemente no solo sea puramente individual pero dejemos esa cuestión a un lado. Con la "operación éxito" sin embargo, entramos en un terreno delimitado de forma mucho clara como "ámbito colectivo" o de la política. Lo que estaba en juego eran unas leyes de reforma agraria que afectarían a una amplia colectividad y que habían sido aprobadas por un gobierno elegido de forma colectiva.

    En ese ámbito claramente colectivo ¿como actuar? Oigo hablar cada vez más de democracia directa, presupuesto participativo, soluciones que no afrontan la raíz del mal que nos muestra Berneys. Mis exiguas lecturas de antropología me hacen intuir que la solución al problema es institucional. Al fin y al cabo la solución democrática/asamblearia no es más que una solución institucional creada en las precisas condiciones materiales que se dieron en Atenas en el siglo VI a.c.

    A nivel filosófico sería una solución intermedia entre la situación irreal en la que todo el mundo conoce toda la información necesaria para decidir y la juzga exclusivamente en función de sus ideas -situación que quizás se dio en Atenas siglo VI a.c.-, y la situación planteada por Berneys de un gobierno en la sombra. Mi solución son debates públicos abiertos en los que participan expertos y el público general y en los que vota la ciudadanía interesada y que ha seguido el debate. Sería simultaneo con la democracia representativa.

    Por supuesto esto da lugar a numerosas cuestiones aledañas ¿como plantear esto en una democracia representativa en la que se supone que todo el mundo decide todo, aunque en la realidad no es así? ¿Se puede considerar que estos debates socavan la democracia "real", -digo real en el sentido de la forma en la que esta implantada-? Me falta mucho por pensar al respecto, considera esto "ideas en voz alta" que dejo aquí reflejadas por si te sirven a su vez de inspiración.

    un saludo

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    1. Y respecto a como dejar de esa forma tan elegante una lista de tus entradas a la derecha del texto principal, no recibí nada en Facebook ¿algún error? En blogger mi e-mail es público: laproadelargo@gmail.com, por si prefieres escribir ahí, como te digo, en facebook no he recibido nada.

      un saludo,

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  2. La propaganda se cuela en nosotros a través de las ideas que el grupo o el entorno al que pertenecemos nos suministra y nosotros asumimos de forma acrítica o inconsciente. Lo malo no son las ideas (imprescindibles por otro lado) que el grupo nos proporciona, sino nuestra actitud frente a ellas.

    Ideas tales como las que determinan nuestras expectativas políticas (la democracia representativa es el mejor modo de gobernar); nuestras ideas del éxito y el fracaso (que permiten que deteminados bienes de consumo estén asociados al exito, etc); nuestras ideas morales.

    Estas ideas, que condicionan nuestros sentimientos, pues estos son, en definitiva, indicadores físicos de nuestros procesos psíquicos y nuestros procesos psíquicos, se nutren de ideas generadas, en su mayor, parte fuera de nosotros.

    La cuestión no es rechazar esas ideas que la sociedad nos proporciona, sino evitar aceptarlas de forma acrítica. No dar por sentado nada que no hayamos entendido, por bueno que no hayamos probado, etc.

    Obviamente, como el ser humano es limitado, no puede estar, como decía Bernays, constantemente midiendo, pesando, sopesando y experimentando de primera mano. Cuando digo ir a las fuentes, no me refiero experimentar tú mismo en cada cada una de las reacciones y proceos químicos de cada una de las combinaciones de elementos de la tabla periódica. Pero si puede juzgar de manera racional cuanto se le ofrece, bien sea un producto, una teoría o una explicación. Puede comparar. Y puede privilegiar unos cauces informativos en detrimento de otros pues muchas veces el medio acaba convirtiéndose en mensaje

    Coincido en parte con tu idea de democracia. Pero me surje una pregunta: ¿Dejamos votar a quienes no acudan a los debates?

    Un saludo Jesús. Muchas gracias por tu comentario

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    1. Buenas otra vez,

      Lo que dices es cierto y sin embargo me deja un pequeño regusto amargo. Estoy de acuerdo en que la principal característica de la Propaganda es que llega a nosotros a través del grupo, pero no podemos sustraernos a su origen primigenio: Edward Berneys. Berneys unió las emociones -independencia de la mujer- a objetos -tabaco-, para un beneficio privado. Unir emociones y objetos en si no tiene porqué ser malo. Pero si nos vamos al caso de la operación "Éxito" es diferente, mintió de forma consciente. Cuando se crea Propaganda con información falsa, y conociendo de hecho su falsedad ¿no deberíamos exigir responsabilidad a Berneys?

      Es decir, es cierto que su principal característica es que nos llega a través del grupo, pero hay un origen inicial y en ciertos casos puede estar sujeto a alguna responsabilidad. No es lo mismo una mentirijilla a tu mujer o tus padres, que una mentira utilizando los medios de masas para lucro privado.

      Respecto a mi primer comentario, es evidente que el uso de la Propaganda también plantea incertidumbres en el ámbito político. La respuesta del votante es posiblemente emocional, y eso es lícito, no tiene nada de malo. Es decir, a mi me gustaría que lo hiciese de forma racional, pero no puede ser una imposición, dado que no podemos oponernos a la propagación de las ideas simplemente porque pretendan llegar a las masas o porque lo hagan desde un punto de vista emocional. De esto me he dado cuenta al leer tu respuesta, dado que mi primer comentario ha sido un tanto irreflexivo.

      Y a pesar de todo pienso que las evidencias que planteas en el artículo junto con los hechos que estamos viviendo -y seguramente muchas otras razones- deben movernos a replantear el sistema político. La población está exigiendo mayor participación, posiblemente también de forma poco reflexiva. Lo que es cierto es que la democracia tiene a sus espaldas un buen puñado de promesas incumplidas, prometía que podríamos determinarnos como sociedad, decidir que queremos ser, pero la ciudadanía está empezando a verlo como una farsa. Y en cierta forma lo es. Hay limitaciones a lo que podemos llegar a ser, eso cualquiera lo comprende, pero con la globalización las limitaciones sistémicas se han multiplicado exponencialmente y esto la población lo percibe claramente por simple comparación con el periodo anterior.

      En mi opinión o bien deshacemos el camino de desvinculación iniciado y creamos redes de seguridad o bien redefinimos el sistema político. Posiblemente sean necesarios pasos en ambos caminos.

      un saludo,

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    2. Muchas gracia Jesús por tus comentarios, y por mantener vivo el debate.

      Propaganda está escrito en 1928 y la operación Éxito se llevó a cabo en 1954 (si no recuerdo mal). Creo que durante esos años Bernays se quitó la máscara o terminó de perder la inocencia (quizá cínica e interesada) mostrada en Propaganda, donde aun reconociemndo la posibilidad de que se haga un mal uso de la propaganda, él destaca sus virtudes como elemento al servicio de la concordia y la democracia.

      Bernays habla en ocasiones de la propaganda como una manera de educar, una especie de segunda Ilustración. A mi me parece que esto es una filfa y mera propaganda de la propaganda. La propaganda no es sino extender la producción a gran escala al terreno de la inculturación, pero jamás puede considerarse educación pues el individuo no participa activamente en la construcción del conocimiento o acepta de una manera crítica esos valores. Simplemente se le imprimen en la mente como se le imprime la marca de propiedad al ganado.

      El uso de la propaganda, además, suele ser unidireccional: de arriba a abajo; de los que tienen el poder de dirigie a los que son dirigidos. Cierto que el propagandista tiene en cuenta las aspiraciones de la masa, pero no para complacerlas sino para ver cómo puede apropiarse de esas aspiraciones es su propio beneficio.

      La propaganda vendría a ser la rebelión de las élites, una reacción a la rebelión de las masas acaecida a principios del siglo XX y que resulta flagrante tras la Primera Guerra Mundial.

      No obstante, al margen de los juiciso morales que podamos hacer, la existencia de la propaganda es un hecho y, nos guste o no, influye (y de qué manera). Como dije, la única manera de vacunarnos es una atenta vigilancia a cuantas ideas componen nuestro armazón mental, para ver hasta qué punto son genuninamente nuestras (por haberlas asumido de manera consciente y racional) o son ideas vicarias (en la forma de tópicos, prejuicios, asunciones irracionales). Es, en suma, llevar al campo de las ideas lo que el sistema inmunológico lleva a cabo a nivel orgánico. Como ocurre en nuestro orgaismo, nunca estaresmos exentos de virus o otros agentes patógenos, pero lo importante es mantenerlos a raya, que no condiciones o acaben con nuestra existencia.

      Y eso nos lleva a formularnos dos preguntas:¿Está todo el mundo en condiciones de hacerlos? Y, aun estando en condiciones ¿estarían dispuestos? Y si ni A, ni B ¿cómo los sumamos a nuestra causa? ¿Mediante la propaganda? Sería paradójico. Como pretender apartar a alguien del alchol a base de chupitos de orujo. ¿Sirve de algo todo esto entonces?

      Aquí me viene ahora una cita sacada del libro Tantos tontos tópicos, un libro estupendo muchos de cuyos capítulos está publicacos en internet: http://www.fronterad.com/?q=node/2665

      "Por qué continúas predicando, si sabes que no vas a poder cambiar a los malvados?", le preguntaron a un rabino. "Para no cambiar yo", fue su respuesta (NORMAN MANEA)

      Un saludo Jesús. Muchas gracias

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  3. ¿No sería la educación en virtudes cívicas la mejor herramienta para enfrentar la propaganda? Sería el espíritu crítio, expuesto en vuestros comentarios, una de tales virtudes.

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  4. Muchas gracias por tu comentario. Intentaré aclarar un par de ideas con un par de citas:

    La primera es de la canción No somos nada, de la Polla Records

    Queridos amiguitos, en este mundo todo está bajo control...
    ¿todo? ¡No!
    Una aldea poblada por irreductibles galos
    resiste ahora y siempre al invasor
    con una poción mágica que los hace invencibles:
    ¡el cerebro!.

    Sustituye cerebro por sentido común, sentido crítico, o cualquier término parecido y verás como la analogía (que viene a ser el algoritmo de los que somos de letras) funciona.

    Así que no puedo sino estar de acuerdo contigo en que dar forma a las virtudes ciudadanas en los individuos mediante la educación es la clave. Y entre todas estas virtudes el espíritu crítico, que nos obliga a depurar constantemente nuestras ideas y a juzgar con minuciosidad las ajenas, es sin duda clave.

    Una de las disciplinas que más ayudan a que que este espíritu crítico se desarrolle es la filosofía. Sin embargo, como apunta Aurelio Arteta:

    "La presunta inutilidad de la filosofía viene a ser la confesión clamorosa de que educar se ha vuelto ante todo una instrucción para el mercado, una adquisición de destrezas (hoy se llaman “habilidades”, una torpe versión de abilities) con vistas a ser vendidas.

    La religión cotidiana de la mercancía nos predica que no hay valor de uso sin valor de cambio que lo respalde; esto es, que no hay otras necesidades que las que puedan satisfacerse con dinero. La vida y su riqueza quedan así notablemente recortadas.

    Hay una incapacidad de comprender otro sentido de útil que no coincida con el utilitarista, que haya cosas que merezcan la pena aunque no tengan precio (o precisamente por no tenerlo). Y es que el punto de vista de la técnica y de la producción han arrumbado los interrogantes sobre nuestra praxis o conducta individual y colectiva.

    La razón instrumental reina sin disputa sobre la razón crítica o, lo que es igual, el nuestro es un saber de los medios pero no de los fines. Conocemos algunos porqués y muchos cómo, pero ignoramos los principales para qué de nuestra existencia."

    Puedes ver el artículo entero en este enlace. No tiene desperdicio

    http://www.fronterad.com/?q=dejate-filosofias

    Espero haber ilustrado con ambas citas que coincido contigo en gran medida.

    Un saludo majo. Muchas gracias por dejarte caer por aquí.

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  5. Siento informar que el enlace http://www.fronterad.com/?q=dejate-filosofias, no dirige al artículo en cuestión.

    Gracias por este interesante artículo.

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  6. Muchas gracias a ti por tomarte la molestia de leer el artículo, los comentarios y advertirme del error.

    El enlace correcto es este:

    http://www.fronterad.com/?q=bitacoras/aurelioarteta/dejate-filosofias

    Un cordial saludo

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  7. A ver, una cosa: El caso de Bernays no es sino un ejemplo muy claro de la utilización premeditada de la ciencia y la técnica para dominar, no sólo el mercado, sino también a las personas.
    También habría que profundizar en el hecho, tabú casi, de que Bernays era judío, y que ese pueblo se denomina así mismo "el pueblo elegido para reinar sobre los demás".
    Las teorías de la conspiración, como se llama despectivamente hoy a cualquier análisis de la realidad que vive nuestro mundo globalizado, particularmente desde el final de la IIª Guerra Mundial, sistemáticamente conducen a los judíos.
    Lástima que tengáis todos tanto miedo en señalar a esa cultura criminal como la causante última de los grandes padecimientos de la humanidad moderna (guerras, crisis económicas, desigualdad, hambrunas, politiqueo, oligarquías...). Se conoce que no habéis estudiado las "perlas del Talmud babilónico", donde se recoge la tadición oral judía desde hace milenios, y donde se lee sin ambigüedad el odio calculado y feroz que los judíos sienten hacia todos los demás pueblos.

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  8. Gracias por su comentario.

    Hace usted una afirmación demasiado gruesa y no aporta ninguna prueba. Bernays era judío, de acuerdo. Y Hitler luterano y Lenin ortodoxo. ¿El hecho de que un miembro de una confesión religiosa tenga unas determinadas tendencias, ha de ser imputable y extrapolable al resto de los miembros de dicha confesión? A mi modo de ver no

    A lo largo de la historia no pocos han sido los pueblos que se han considerado elegidos: Los egipcios, los atenienses, los griegos de Alejandro Magno, después los romanos, los musulmanes, los españoles, los ingleses, los alemanes, los estadounidenses...Es una manera bastante manida de justificar decisiónes irracionales e imposiciones injustas. Poco más.

    No es miedo, es simple higiene mental. Para acusar se necesita aportar pruebas. Como no puedo reunirlas me abstengo de emitir juicios de valor sesgados y afirmaciones gratuitas. Si usted puede aportar algo más que la simple mención del Talmud babilónico, estaré encantado de escuchar su razonamiento.

    En cualquier caso, conviene recordad que el Talmud es un comentario a la Biblia que no puede ir en contra de ésta. Y en la Biblia puede leerse:

    Éxodo 23:9
    No oprimirás al extranjero, porque vosotros conocéis los sentimientos del extranjero, ya que vosotros también fuisteis extranjeros en la tierra de Egipto.

    Deuteronomio 10:19
    Mostrad, pues, amor al extranjero, porque vosotros fuisteis extranjeros en la tierra de Egipto.

    Levítico 19:34
    ``El extranjero que resida con vosotros os será como uno nacido entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto; yo soy el SEÑOR vuestro Dios.

    Salmos 146:9
    El SEÑOR protege a los extranjeros, sostiene al huérfano y a la viuda, pero trastorna el camino de los impíos.

    Jeremías 22:3
    ``Así dice el SEÑOR: `Practicad el derecho y la justicia, y librad al despojado de manos de su opresor. Tampoco maltratéis ni hagáis violencia al extranjero, al huérfano o a la viuda, ni derraméis sangre inocente en este lugar.

    A la espera de que arme mejor sus argumentos, remito lo que usted me dice al cajón de los prejuicios en los que, como dije, se engarza la propaganda: "La manipulación propagandística de la realidad se basan esencialmente en los tópicos, prejuicios, deseos y opiniones que hunden sus raíces en el imaginario colectivo y que afectan al individuo en la medida que participa de esa amalgama de ideas preconcebidas y deseos heredados"

    Un cordial saludo

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  9. Excelente artículo, no solo informativo sino también entretenido, da ganas de seguir leyendo.

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  10. valiente hdp este y su tio ...mentirosos patologicos al servicio del imperio...y lo peor de todo es que lo siguen haciendo y la gente que es mas tonta que una cafetera , se lo sigue creiendo y ademas admirando a los hdp que han estado diezmando el mundo y asesinando inocentes desde hace cientos de anios...

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