martes, 26 de enero de 2016

España y sus élites extractivas




DE LA RIQUEZA DE LAS NACIONES AL FRACASO DE LOS PAISES

En anteriores artículos he sostenido la tesis de que la élite del poder político en España, las personas situadas en los puestos clave del Estado, son el brazo armado de las élites económicas y financieras. Éstas aúpan y financian a sus hombres de confianza, a cambio de que éstos defiendan y perpetúen su status quo

            Esa tesis hunde sus raíces en una observación de Adam Smith a la que suele prestarse poca atención:


            El Estado, en tanto que instituido para salvaguardar la propiedad, está realmente instituido para defender a los ricos de los pobres, o de aquellos que tienen propiedad de aquellos que no la tienen.  [La Riqueza de las Naciones, Libro V. Capítulo 1, § 55]


            Y también en algunos ejemplos recientes en los que las discrepancias entre las élites económico-empresariales y las élites políticas han puesto a estas últimas en serios aprietos.

            Sin embargo, hay quienes han observado, no sin parte de razón, que mis argumentos partían de premisas un tanto anticuadas (pues las tesis de Smith fueron formuladas en unas circunstancias político-económicas distintas a las actuales) y que adolecían de falta de concreción. Pues bien, en el presente artículo voy a tratar de subsanar ambas carencias.

Para ello voy a dejar a un lado a Adam Smith (aunque solo de momento, pues considero que sus observaciones siguen siendo extremadamente valiosas) y voy a estudiar la interrelación entre las élites económicas y la oligarquía política en España, basándome en la tesis planteada Daron Acemoglu  y James A. Robinson en su libro Por qué fracasan los países: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza, publicado en 2012.


SON LAS INSTITUCIONES, ESTÚPIDO

Según Acemoglu y Robinson, ambos profesores formados en la ortodoxia liberal, el fracaso o el éxito de los países depende de las instituciones:


El éxito económico de los países difiere debido a las diferencias entre sus instituciones, a las reglas que influyen en cómo funciona la economía y los incentivos que motivan a las personas.


 Estas instituciones pueden ser, fundamentalmente, de dos tipos: Por un lado, tenemos las instituciones políticas inclusivas, que reparten ampliamente el poder en la sociedad y limitan su ejercicio arbitrario, de modo que quienes controlan el político no pueden utilizarlo fácilmente para establecer instituciones económicas extractivas en beneficio propio. (ACEMOGLU y ROBINSON, 2013 : 105) 

Por otro lado, tenemos las instituciones políticas extractivas, que concentran el poder en manos de una élite reducida y fijan pocos límites al ejercicio de su poder, al tiempo que las instituciones económicas a menudo están estructuradas por esa élite para extraer recursos del resto de la sociedad.  (ACEMOGLU y ROBINSON, 2013 : 103)

La sinergia entre instituciones políticas y económicas inclusivas forma un círculo virtuoso que fortalece el sistema:


Las instituciones económicas inclusivas, a su vez, se forjan sobre bases establecidas por las instituciones políticas inclusivas, que reparten ampliamente el poder en la sociedad y limitan su ejercicio arbitrario. Estas instituciones políticas también dificultan que otras personas usurpen el poder y socaven las bases de las instituciones inclusivas. Quienes controlan el poder político no pueden utilizarlo fácilmente para establecer instituciones económicas extractivas en beneficio propio. Y estas instituciones económicas inclusivas, a su vez, crean un reparto más equitativo de los recursos, facilitando la persistencia de las instituciones políticas inclusivas. (ACEMOGLU y ROBINSON, 2013 : 105)


            Por el contrario, la relación que se establece entre estructuras políticas y económicas extractivas da lugar a un círculo vicioso:


            La relación sinérgica entre las instituciones económicas y políticas extractivas introduce un bucle de fuerte retroalimentación: las instituciones políticas permiten que las elites controlen el poder político para elegir instituciones económicas con menos limitaciones o fuerzas que se opongan. También permiten que las elites estructuren las futuras instituciones políticas y su evolución. A su vez, las instituciones económicas extractivas enriquecen a esas mismas elites, y su riqueza económica y su poder ayudan a consolidar su dominio político. (ACEMOGLU y ROBINSON, 2013 : 67)


Vista la tesis, es el momento de aplicarla al caso español y estudiar, en primer lugar, cómo reparten el poder sus instituciones políticas.


LAS INSTITUCIONES POLÍTICAS ESPAÑOLAS: TEORÍA Y PRÁCTICA

Tras una primera aproximación teórica, podríamos concluir que nuestras instituciones políticas son de carácter inclusivo, pues España, según su Constitución,  es un estado social y democrático de derecho. Ésta, así mismo, consagra el pluralismo político como uno de los valores superiores de su ordenamiento jurídico (art. 1) y confía a los partidos políticos, cuya estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos (art. 6), la expresión de dicho pluralismo. La división de poderes parece también estar garantizada, pues la carta magna otorga a las Cortes Generales la potestad legislar y controlar al gobierno (art. 66) y la administración de justicia a los jueces y magistrados integrantes del poder judicial, que habrán de ser independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley (art. 117).

Sin embargo si miramos con mayor detenimiento, observamos que en la práctica el poder no está tan repartido como a primera vista podría pensarse y que este se concentra, fundamentalmente, en la cúpula de los partidos políticos, que son quienes controlan los partidos y, una vez que acceden al poder, el resto de las instituciones. Veamos las causas:

En primer lugar, esto es debido a la propia estructura de los partidos políticos, que dista mucho de ser verdaderamente democrática: Por un lado el número de sus afiliados es muy reducido, nunca va más allá de un 3,5% de los españoles en edad de votar. Por otro, la influencia que tienen dichos afiliados en los partidos no deja de ser, en la mayor parte de los casos, meramente  testimonial,  y siempre condicionada por los intereses de los distintos grupos o familias que buscan ocupar la cúpula del partido.

En segundo lugar, a la falta de democracia dentro de los partidos hay que añadir los efectos de la ley electoral que por un lado, con la ponderación del reparto de escaños (la conocida como Ley D’Hont), favorece la formación de mayorías absolutas; al tiempo que por otro, mediante el establecimiento de listas cerradas por circunscripciones, provoca que las cúpulas de los partidos puedan diseñar las listas para situar a sus hombres de confianza al frente de éstas y que resulte más sencillo establecer redes cuasi caciquiles de captura de votos.

El último gran problema es la falta de una división de poderes efectiva. La tarea de control sobre el ejecutivo que las Cortes tienen encomendada suele seguir un camino inverso al inicialmente propuesto y el ejecutivo es realmente quien controla, mediante la disciplina de voto impuesta dentro de los partidos, a los órganos legislativos, de modo que los proyectos de ley aprobados por el Consejo de Ministros suelen contar de antemano con la aprobación del Congreso.

Del mismo modo, la elección de los órganos de gobierno de los jueces, del Presidente del Tribunal Supremo, del Tribunal Constitucional y del ministerio fiscal está en manos del ejecutivo y de las Cortes controladas por éste, lo que en la práctica condiciona la composición de sus miembros y, en cierto modo, orienta las decisiones de éstos a la voluntad del partido en el gobierno, como han puesto de manifiesto algunos episodios recientes, tales como las maniobras llevadas a cabo para que un juez afín juzgase a Rodrigo Rato o el ascenso del fiscal que consiguió la condena del juez que encarceló al ex presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, por citar dos ejemplos muy significativos.

            Así las cosas, vemos como en la práctica las instituciones políticas en España se concentran en manos de una élite reducida: El presidente del gobierno suele ser el presidente de un partido.  A la hora de diseñar su gabinete suele echar mano de los hombres fieles del partido, independientemente de sus conocimientos sobre la cartera encomendada. Mediante la disciplina de voto se asegura que los miembros de su partido saquen adelante en las Cortes, sin cuestionarlas, las leyes que el ejecutivo promueva.  Finalmente,  elijen jueces para las altas instituciones de la judicatura afines a su partido, de modo que se fijan pocos límites al ejercicio de su poder. 

            Las instituciones políticas españolas bien podrían considerarse, a tenor de lo expuesto instituciones extractivas. De este modo, siguiendo los postulados de Acemoglu y Robinson, no sería descabellado pensar que las instituciones económicas nacidas al amparo de éstas estuvieran estructuradas por esa élite para extraer recursos del resto de la sociedad, es decir, serán instituciones diseñadas para expropiar los recursos de la mayoría, para levantar barreras de entrada y para suprimir  el funcionamiento de mercados, que solamente beneficiarán solamente a un número reducido de personas. ¿Es esto lo que ha sucedido en España? A ello trataré de responder en el siguiente artículo

martes, 22 de diciembre de 2015

El fin del bipartidismo y otros cuentos por encargo

        
        
                  
                  Tras los resultados electorales  del 20 de diciembre los medios de comunicación se han apresurado a certificar la muerte del bipartidismo. ¿Por qué? Ellos sabrán. No sé si será una cuestión de moda (el bipartidismo es como la pana, ya no se lleva); será que aun no han caído en la cuenta de que el próximo presidente volverá a ser del PP o del PSOE; o se deberá a un mero analfabetismo aritmético: 90 + 123= 213 de 350 escaños posibles.

                Pero ahí no queda todo. Además de certificar la muerte de quien no ha muerto, todos los medios de comunicación coinciden en que de las urnas ha salido una España ingobernable. ¿Ingobernable? Siento decir que España va a ser tan fácil de gobernar como lo era hasta hace unos meses. Y, lo que es más, a España la van a seguir gobernando los mismos.

                Parto de la hipótesis de  que España está gobernada por una élite económico-financiera cuyos ingresos no provienen del propio trabajo o de la creación de valor añadido, sino de extraer o trasvasar rentas del trabajo ajeno. Este trasvase de capitales puede ser directo o indirecto. En el primer caso el Estado expropia directamente a los ciudadanos mediante privatizaciones, impuestos o emisión de deuda para destinarlo a la oligarquía: rescates bancarios, adjudicación de contratos públicos, pago de déficit de tarifa eléctrica, pago de intereses de la deuda, etc. En el segundo se limita a establecer leyes favorables para esos grupos (lo que se denomina el orden constitucional) y a velar por su estricto cumplimiento: ley hipotecaria, leyes de acceso a los servicios energéticos, reforma laboral, formación de oligopolios en sectores estratégicos (electricidad, carburantes, medios de comunicación, financiación, telecomunicaciones…).

                Esa élite económico-financiera (los amos de España, podría decirse) es la dueña del Estado. El Estado es creación suya. Lo crearon para perpetuar y proseguir la acumulación de riqueza iniciada, en muchos casos, en el siglo XIX. Y como el Estado es suyo, se cuidan muy mucho de que no caiga en manos de quien pueda perjudicar sus intereses.

                Esas élites financian y dan repercusión a través de sus medios a los partidos que son proclives a sus intereses.  Hasta ahora venían siendo un partido liberal-conservador (UCD o PP) y otro Socialista. El partido socialista fue previamente domesticado por Felipe González que doblegó a los militantes para que renunciasen al marxismo en septiembre de 1979; para que apoyasen la entrada de España en la OTAN en el XXX Congreso, de 1984;  y finalmente, ya noqueados, para que viesen la entrada en el Mercado Común Europeo como una bendición.

                Esas mismas élites, que se agrupan ya de modo visible bajo el Consejo Empresarial de la Competitividad o FEDEA, son las que, como ya contamos aquí, habían diseñado un parche por si el sistema se volvía inestable: Ciudadanos. Y las que habían desguazado por el camino a UPyD por díscolos; porque no se puede estar dentro del sistema constitucional y poniendo querellas a banqueros al mismo tiempo. Les dieron un aviso: o se unían a Ciudadanos o morían. ¿Tuto o muete? Y al final ha sido muete.

                Pues bien, las fuerzas del régimen suman 253 escaños de los 350 posibles. ¿Creen ustedes que la alianza rebelde (en el caso de que tal cosa exista) tiene alguna posibilidad de cambiar nada? ¿De verdad alguien en su sano juicio puede creerse que vaya a cambiar nada? ¿Con 98 escaños, contando a PNV y CIU (que es mucho contar), van a cambiar una constitución?

                Si mi hipótesis es cierta, si España, su Estado y su Constitución son lo que son y están al servicio de lo que están, ayer no asistimos a la muerte del bipartidismo, sino a un refrendo del régimen por parte de 25.349.824 españoles; es decir, el 73.2% de los que están en edad de votar.

                Si mi hipótesis es cierta, el próximo en gobernar será el PP que, tras agotar los plazos, gobernará con sus 123 escaños; con la abstención de PSOE y Ciudadanos; con el voto en contra de UP, Podemos, Esquerra y Bildu; y (dependiendo de a cuanto se venda el pescado en la Lonja de San Jerónimo) de Convergencia, PNV y CC. Hará falta dramatizar las cosas hasta el paroxismo, que la unidad de España vuela a estar en peligro, que el PSOE se bañe en colonia después de salir del Congreso el día que se abstenga, que no sea Rajoy quien forme gobierno sino Soraya u otra cara más alegre. Lo que sea. Pero al final habrá gobierno. Y el gobierno servirá fielmente a los intereses de España (entiéndase, de su  Estado y de los que se benefician de él).

                Los señores de la renta tendrán esperar mejores tiempos para hincarle el diente al dinero proveniente del ahorro para las pensiones y el de los seguros de desempleo y salud. O igual no. Igual entre medias viene otra crisis que se lleva por delante la hucha de las pensiones y lo poco que queda decente de la sanidad. Y, no habrá más remedio que empezar las reformas estructurales…Por el bien de España.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Ciudadanos ¿Partido de la ciudadanía? Final



https://ia601509.us.archive.org/14/items/PARTIDODELACIUDADANIA/PartidoDeLaCiudadana.pdf
11. VIENTOS DE RECAMBIO

                En el mes de febrero de 2015, las élites y la oligarquía financiera estaban preparadas para insertar su nuevo parche en el sistema. Así como el discurso de un banquero allá por julio del pasado año nos había dado la clave de sus intenciones y necesidades (“crear un Podemos de derechas”)  va a ser otro banquero quien nos descubra ahora la estrategia a seguir: Hacer pasar a Ciudadanos por la versión creíble de Podemos. 

                El 3 de febrero Francisco González, presidente del BBVA, realizó unas declaraciones durante la presentación de resultados de la entidad en las que afirmaba:

               “No sé lo que es Podemos. Dicen que las cosas se han hecho mal y tienen razón, pero no dicen cómo se arreglan. Hay que ver si tienen un buen diagnóstico y los medios necesarios para arreglarlo.”

                En apenas dos frases quedaba esbozado el modus operandi de los señores del mercado: Podemos, con su denuncia, había desatado los vientos del cambio, pero ahora le tocaba a Ciudadanos manejar las velas para llevar la nave de España a buen puerto. Había que sustituir a un piloto temerario como Iglesias por otro tranquilo como Rivera. En suma, había que conseguir que Albert Rivera suplantara a Pablo Iglesias como esperanza de regeneración. A ello se aplicaron con denuedo las huestes del régimen durante los meses siguientes, quitando de en medio a todo aquel que no cooperase

                La presentación del nuevo recambio, del huevo del cuco, tuvo lugar el 17 de febrero en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Allí se desarrolló la primera de las conferencias en las que Ciudadanos iba comenzar a desgranar su proyecto económico; un proyecto cuyo título era toda una declaración de intenciones: “El cambio sensato”. Como el mismo Rivera afirmaba en la presentación “es incalculable medir las ganas del cambio”. Y allí estaba él, para satisfacer las aspiraciones de una España moderada, alejada de las excentricidades de Podemos. 

                Que Ciudadanos se mantuviese alejado de las excentricidades de Podemos, no significaba que no pudiese compartir sus anhelos, sus aspiraciones y hasta sus consignas. De hecho Albert Rivera se apropió ese día de una de las frases más repetidas pro Pablo Iglesias: “la política si no participas la hacen otros por ti”, inaugurando con ello una tendencia a solapar los discursos que habría de dar nuevos frutos. Sin ir más lejos el lema de su campaña, “vota con ilusión”, es un remedo de la idea de Pablo Iglesias de que Podemos había hecho recuperar a mucha gente la ilusión del 82”. Todo eso por no hablar del día en el que Rivera soltó en Granada desde el atril: "Si podemos rescatar a los bancos, podemos rescatar a las familias y a los emprendedores. ¡Sí se puede!"

                Rivera se afanaba por mostrar que su partido y Podemos eran productos destinados a un mismo fin: acabar con las manchas de la vieja política. Ahora bien, Ciudadanos venía en un envase pulcro y homologado,  mientras que Podemos era el viejo remedio populista barato. Solo Ciudadanos poseía un buen diagnóstico y los medios humanos y materiales para aplicar el tratamiento. Los miembros de su equipo eran “profesionales”. Lo que ellos proponían eran “proyectos viables”,  “porque ocurrencias tienen muchos partidos, pero proyectos viables, demostrables, cuantificables…hay pocos ”. Y si Podemos se nutría de las mareas ciudadanas, Ciudadanos era el “tsunami naranja” que empezaba a dejarse sentir en España.

                Rivera mostraba su imagen de hombre tranquilo, mesurado, capaz de capitanear esa nueva transición de la que tanto había hablado Pablo Iglesias. Y esa imagen no haría sino reforzarse tras las elecciones andaluzas y autonómicas, en las que Ciudadanos no habría de tener empacho en sellar pactos a derecha e izquierda (no como Podemos que solo pactó con los partidos de izquierda). Los heraldos del reino no tardarían en propalar la especie de que Felipe IV había encontrado a su nuevo Suarez y Ciudadanos era presentada como la nueva UCD: Gente joven pero sobradamente preparada. 

                La jugada sin embargo no pasó del todo desapercibida. En un artículo titulado Ciudadanos: la otra Operación Reformista, Josep Ramoneda escribía unas semanas después de la presentación de Ciudadanos, el 10 de marzo, lo siguiente:

                Ahora, con el réquiem por el bipartidismo como música ambiente, un partido nacido en Cataluña, Ciutadans/Ciudadanos, ha decidido dar el salto a España. Como entonces ha encontrado el terreno abonado. Hay inquietud por la crisis del bipartidismo y por el ascenso de Podemos, y preocupa la vulnerabilidad de un Partido Popular acorralado por los escándalos de corrupción que, de la mano de Rajoy, ha perdido relato (carece de un discurso que genere empatía con su electorado) y vitalidad […]
                Ciudadanos ha sido escogido como instrumento de cambio para apuntalar el régimen, en la medida en que el PP se resiste a renovarse, parapetado detrás de la efigie de Rajoy, enmarcada por negros nubarrones de corrupción.

                Del mismo modo, para la prensa extranjera tampoco pasaba desapercibida la naturaleza del fenómeno. El 13 de marzo The Guardian publicaba un artículo en el que informaba sobre la presentación del programa económico y analizaba su meteórico ascenso. El titular era bastante revelador: Ciudadanos, the 'Podemos of the right', emerges as political force in Spain



12. CUI PRODEST?

                En un célebre pasaje de Medea, la tragedia de Séneca, la protagonista afirma:  "cui prodest scelus, is fecit", que traducido vendría a significar “el delito fue cometido por aquel al que beneficia”. Por tanto, si queremos realmente saber quién está detrás de Ciudadanos debemos mirar a quién benefician las medidas que pretende implantar. Hagamos un breve repaso.

                La medida estrella del de su paquete de medidas económicas es sin duda el contrato único. Un contrato que, como desde Ciudadanos no han dejado de recalcar, viene avalado por el hecho de funcionar en una socialdemocracia nórdica como Dinamarca, cuya tasa de paro ronda el 6%.  Sin embargo no es oro todo lo que reduce, pues como afirma Vicenç Navarro, catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra:

                “La propuesta de Ciudadanos, supuestamente inspirada por el modelo danés, es parte de una gran manipulación, pues no dice toda la verdad sobre este modelo. Se callan lo que es más importante, es decir, la enorme protección que el sistema danés da a la persona afectada por el contrato único”.

                Al final el contrato único a quien favorece no es al trabajador, cuyo despido será más barato, sino al empresario. Manuel lago, Economista especializado en mercado de trabajo, lo explica así:

                “Sintetizándolo, la propuesta del contrato único supone que en los cinco primeros años la indemnización por despido sería incluso inferior a la que hoy en día tiene derecho un contrato temporal -aun después de la reforma laboral del PP- y a menos de la mitad de la que tiene un indefinido que sea despedido con la fórmula más barata, la de 20 días por año.”

                De momento el primer punto se lo llevan las grandes empresas. Vamos a por el siguiente: La reforma fiscal. 

                La propuesta fiscal inicial de Ciudadanos estructuraba el impuesto en tres tramos y aparentemente bajaba los tipos en todos. Sin embargo, como demostró el diario económico Cinco Días, perjudicaba claramente a los contribuyentes con rentas entre 16.000 y 19.500 euros, amén de suponer un  atentado contra el principio de progresividad recogido en la Constitución. Así que como era demasiado obvio quien salía perdiendo, hubo que cambiarla. Aumentaron a cuatro el número de tramos y mantuvieron algunas exenciones, pero aún así, las rentas más altas son las que más favorecidas salen. Según los nuevos cálculos de Cinco Días para un salario medio actual el ahorro no llega a 95 euros al año, mientras que para una renta de 80.000 euros el ahorro sería de más de 750.  ¿Se imaginan el ahorro que eso supone para el presidente del BBVA que cobra un sueldo anual de 2,8 millones de euros?

                El resto de impuestos siguen más o menos la misma tónica: Una bajada del impuesto de sociedades al 20%, que será igualmente aplicable tanto a pymes como a grandes empresas y una  subida de los tipos más bajos del IVA para bajar los más altos. Aquí, eso sí, ha sido necesaria una nueva rectificación de “los profesionales” y finalmente parece que se mantiene el IVA superreducido que en un principio se pensó quitar.

                Es cierto que en el capítulo de impuestos las clases altas parecen salir mejor paradas, pero no hay que olvidar una medida pensada para el desahogo de los menos pudientes: La renta complementaria. En virtud de esta renta, denominada complemento salarial anual, el Estado redondearía los ingresos de aquellos cuyo salario no llegue a los mínimos estipulados. Ahora bien, optar por este complemento en lugar de por subir el salario mínimo es una subvención encubierta a las empresas, que les permitirá seguir pagando sueldos que no dan para vivir a costa de las arcas del Estado (o, por mejor decir, del resto de los contribuyentes). Además, este complemento no computaría a la hora de calcular la jubilación o la indemnización por despido y sí que podría hacer que una persona saltase al siguiente tramo impositivo y tenga que un tipo de IRPF mayor. A tenor de todo esto, la medida social por excelencia de Ciudadanos también resulta ser favorable para las grandes empresas.

                Otra idea que en principio podría considerarse favorable a los trabajadores es la implantación de un seguro contra el despido “mediante las aportaciones empresariales a una cuenta individual de cada trabajador de un 1% de su salario". Dicho así suena bien. Pero reformulémoslo: Todos los empleados van a tener que suscribir un seguro de desempleo obligatorio por valor del 1% de su sueldo. Ello permitirá a las aseguradoras comenzar a gestionar fondos antes gestionados por la Seguridad Social. De este modo no solo consiguen una capitalización extra de los bancos a los que las principales aseguradoras pertenecen o están ligados, sino que permiten también que poco a poco el sistema de seguros privados se vaya haciendo hueco.

                Con respecto a las pensiones Ciudadanos no ha sido muy explícito. Sus propuestas no pasan de meras declaraciones de intenciones. Quizá en lo que más haya insistido su líder es en la necesidad de volver a los grandes pactos de Estado en cuestión de pensiones, como el Pacto de Toledo. Sensato ¿no? Puede. Pero curiosamente eso es lo mismo que pide el sector de las aseguradoras

                Por último Ciudadanos propone luchas contra el capitalismo de amiguetes, las puertas giratorias, la corrupción…Pero claro, proponer eso mientras te financia Iberdrola, multada por la CNMV por manipular el mercado eléctrico, o el Santander que comercializó productos especialmente diseñados para “para que el cliente entrara en pérdidas siempre”...no tiene mucho crédito. Máxime cuando Ciudadanos se reúne con los gigantes del sector energético para armar un programa electoral anti-oligopolios. Un comité de lobos para la defensa de la oveja merina sería más creible.

                A fin de cuentas, nada nuevo. Esto es lo que las élites financieras y empresariales han deseado toda la vida. Lo que sostenía el informe de los 100 economistas; lo que ha venido pidiendo FEDEA desde hace más de un lustro y  lo que Garicano, cuyas propuestas coinciden asombrosamente con las de FAES,  lleva, como orgullosamente declaró el día de la  presentación en el Círculo de Bellas Artes, pensando toda la vida

                Es un honor y un orgullo para mí como economista y como español ― este es mi país―  el poder contribuir y poder ayudar a sacar adelante el país y a poner las ideas en las que llevo pensando muchos años.